Imagínense a un chiquillo, chiquillo sevillano el cual desde muy pequeño ya jugaba con una toalla en la cabeza a modo de costal con una silla de madera por paso y con una ilusión por cumplir; sacar a su cristo algún día.
Los años pasan y la ilusión del chaval se la contagia al hermano, menor que el, y poco a poco lo que era un juego de niños se convierte en una obligación personal y lo comienza a divisar en el tiempo, quizás falten un par de años para cumplir el sueño.
El tiempo pasa y después de varios intentos el sueño se realiza, por fin tiene su costal, junto con su hermano, por fin se han igualao y ya por fin se han metido debajo de las andas a ensayar. La ilusión forjada por años se multiplica en los días venideros, prueba con un costal de arpillera, con otro de punto de cruz( este parece gustarle más) y la sonrisa se hace patente cuando se compra la ropa de su Nazareno, ¿cuantas veces se la puso en su casa y cuantas veces se miraría al espejo? le parecía imposible, el y su hermano juntos, en el mismo palo, con el mismo cuadrante y con las mismas ganas...por Dios que llegue ya el miércoles santo!!!
No se lo cree, hace el saludo y la entrada ¿que más puede pedir? Pues pide y reza con más ganas que nunca cuando ve que su miércoles santo amanece con olor a tierra mojada y con un color feo, muy feo. Pasa el día pegado a la tele, mira el tiempo en Internet, no suelta la radio y las esperanzas crecen cuando a través de las ondas anuncian que a partir de las ocho se esperan claros en Sevilla, justo a la hora que se pone en la calle el nazareno, perfecto.
Quedan junto a sus compañeros en un bar cercano al punto de encuentro de la cuadrilla, todos miran el cielo con preocupación pero sobran ganas e ilusión y a nadie se le pasa por la cabeza no sacar la hermandad a la calle.
5minutos, faltan 5 minutos para salir y comienza a llover, también comienza a llover en los ojos de algunos mientras otros aguantan el chaparrón como pueden. Se concede una prorroga de 15 minutos, para de llover y se atisban ilusiones renovadas en la iglesia aunque en la mente del relatante algo le hacía pensar que debería esperar un año más.
Y efectivamente no se sale, se hace un silencio breve solo roto por un atronador aplauso de todos los hermanos nazarenos y costaleros de ambas imágenes.
Lo que sucedió dentro de la iglesia lo veréis en el vídeo, lo que se vivía dentro del paso, lo que yo vivía dentro del paso no lo podréis imaginar jamás, solo me queda el consuelo de decir que a partir de hoy queda un día menos para el miércoles santo.
Por cierto, no llovió ni una sola gota hasta las 12,30 de la noche, hora en la que el nazareno descansaría ya en su iglesia despues de un jubiloso paseo por las calles de su pueblo, cosas de la vida.
Protegido: La triste verdad…
Hace 10 años
